Luis Mateo Díez  y   Mijaíl Bulgákov 

          LA CABRA MONTESA  

Con lo único que había que tener cuidado era con los legajos y libros de contabilidad que aparecían de pronto, pero eso no era todo, porque la mujer abrió un armario y, señalando a su interior, preguntó a PNJE:

     – ¿Qué prefiere, un batín o un pijama entre los más insospechados embalajes? Como restos de la remota burocracia que la humedad y algún conato de incendio habían arrumbado sin remisión.

Apuntó con el dedo a un pijama de franela roja. PNJE sabía pocas cosas más. Pero eran las cosas concretas que detallaban los ingenieros y los peritos las que mejor ayudaban a asimilar lo que se avecinaba. PNJE se puso a analizar su situación. Se le ocurrian tres caminos  a seguir. El primero, y el que más le seducía, era arrojarse contra las lámparas y el extraño instrumento y destrozarlos para demostrar su disconformidad con la injusta detención. Pero el PNJE de hoy era muy distinto del PNJE de ayer, y esta primera solución le pareció contraproducente. Era muy probable que le tomaran por un loco agresivo. Desechó por completo esta primera opción. Otra actitud podría ser la de contarles de inmediato todo el asunto del profesor consejero y de Poncio Pilatos, pero sus experiencias del día anterior le habían demostrado que nadie creería su relato y que lo tergiversarían. Rechazó también este camino y eligió un tercero: encerrarse en un silencio digno.

En la reyerta, como era de prever, había sufrido más desperfectos el traje de la novia que el del novio, si además tenemos en cuenta que, en un momento dado, ella intentó estrangular a PNJE con el velo. Quería llegar a algún sitio. Un camino siempre conduce a algún sitio habitado. Los guardias se mantuvieron un rato en sus posiciones, como si se ajustaran a una vigilancia rutinaria en la que no les importase invertir más tiempo del preciso

De aquel silencio primitivo, de aquella agreste serenidad, queda hoy como un eco en las mismas alturas y hondonadas. PNJE dio rápidamente la vuelta y sin pararse a escuchar el fin de la frase acudió a la llamada.”

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Todas las letras arriba escritas, y en el mismo orden en el que aparecen fueron halladas en El maestro y Margarita, La guardia blanca, Morfina, El espíritu del páramo, La ruina del cielo, El oscurecer y Relato de Babia.

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