Proyecto flaghunter:

En el abismo (Over the edge)

Dirigida por Jonathan Kaplan, 1979

Guión de Charles S. Hass y Tim Hunter

Orion

Nota media en filmaffinity: 6.1   Número de votos: 130

 

El director Jonathan Kaplan formó parte de lo que se llamó el nuevo cine americano, y lo cierto es que ésta película rompe todos los clichés que existen del cine estadounidense. Narra la historia de unos adolescentes a la deriva, en una ciudad de nueva construcción que se empeña en crecer, pero que en su crecimiento olvida que a los jóvenes hay que cuidarlos. Al carecer de alicientes, la mayoría se acaban refugiando o evadiendo en las drogas y/o la delincuencia.

Está basada en hechos reales; hechos que ocurrieron al principio de los años 70 en una ciudad de California.

Aquí, el personaje del policía no es el héroe que persigue a los malos, no. Aquí el policía es uno de los malos, y de hecho, termina asesinando a uno de los jóvenes más rebeldes (interpretado por Matt Dillon en lo que fue su primer papel en una película). Los chicos tan solo disponen de un centro para su ocio, centro minúsculo y que además de una mesa de billar y algunos discos de música no dispone de mucho más. Frente al centro de ocio hay un solar enorme, vacío, con una valla que anuncia la próxima construcción. La primera vez que aparece en pantalla esa valla vemos como unos operarios están cambiando el cartel. Donde antes iban a construir un cine, ahora construirán un complejo de fábricas. La noticia, evidentemente, no gusta a los jóvenes.

A lo largo de la película vemos hasta tres banderas norteamericanas más una banderita con cierta similitud a la de los piratas, fondo negro y en letras blancas el nombre de Charlie; la vemos en la bici de Charlie (Matt Dillon). En cuanto a las banderas yanquis, la primera aparece en el costado de un avión que aterriza proveniente desde Texas. El avión trae a unos inversores que visitan la ciudad, Nueva Granada, para ver si les interesa gastar o no allí su dinero. El hombre que controla los negocios del suelo y que recibe a los inversores tejanos, recomienda a la policía que mejor ese día cierren el centro de ocio, pensando que de esa manera los jóvenes no molestarán a las visitas. Pero uno de los jóvenes, enrabietado por el cierre del centro, y además, la detención de un amigo suyo, molestará a esos inversores que al final se marchan, como se dice en mi pueblo, cagando leches. (Expresión que siempre me ha hecho mucha gracia sin saber muy bien por qué.)

La segunda bandera la vemos a lo lejos, bastante a lo lejos y además, desenfocada. Un grupo de jóvenes ha decidido ir a pasar un domingo al campo, lejos de Nueva Granada. Días antes encontraron una pistola y munición, y van al campo para además de “despejarse” con la excursión, pegar unos tiros. En anteriores entradas hemos visto como la presencia de Coca-cola se cuela subrepticiamente en muchas películas, en ésta también aparece, solo que la única vez que la vemos es cuando unos jóvenes le lanzan balas con el objetivo de darle de pleno. Es una lata vacía, arrugada, basura que queda en el suelo del campo como un desperdicio más. Cuando los jóvenes toman el camino de regreso a la ciudad, entonces vemos la bandera, como ya he dicho, a lo lejos, y borrosa. Es como si la sociedad (que es lo que representa esa bandera) fuera como inalcanzable. Como un espejismo.

La tercera, y última, bandera la vemos cuando se celebra una reunión para de padres para hablar de la problemática con la delincuencia de los menores. El policía recién ha asesinado a uno de los adolescentes y las cosas empiezan a salirse de madre. Dentro del instituto se celebra la reunión en una sala donde vemos la bandera. La bandera es testigo de los discursos que plantean, por un lado el policía (luego la encargada del centro de ocio se encara con él acusándolo de paranoico y de no ser comprensivo con los muchachos), por otro lado el magnate que sueña con ver prosperar Nueva Granada (luego el padre de uno de los chicos se encara con él acusándole de solo interesarse por la prosperidad económica sin importarle los chicos) y por último el de ese mismo padre de uno de los jóvenes, que plantea en voz alta, que toda la culpa no la tienen los jóvenes y que si actúan de esa manera por algo será (luego un profesor se encara con él). Los jóvenes se toman la venganza por su mano, y acechan en silencio hasta dejar a los adultos encerrados dentro de esa sala. Una vez están encerrados empiezan a descargar su ira, su rabia, su enfado, su cabreo por el tipo de vida a la que les han abocado los adultos y terminan destrozando unos cuantos coches y algunas instalaciones del instituto.

Ésta película era una de las favoritas de Kurt Cobain y en algunas entrevistas comentó que el espíritu que refleja ese film era igual que sus sentimientos. Una mezcla de desidia y rabia que desemboca en anarquía. De hecho, la película tardó dos años en estrenarse precisamente debido a la violencia que destila. Un producto sin duda atípico para el acomodado público norteamericano, y me atrevería a decir, occidental en general.

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