Proyecto flaghunter:

Prisionera de su pasado ( The company she keeps)

Dirigida por John Cromwell, 1951

Guión de Ketti Frings

RKO

Nota media en filmaffinitty: 6.1  Número de votos: 52

 

Cuando John Cromwell rodó esta película, en Hollywood se efectuaba la famosa caza de brujas; esto es, un comité de investigación que interrogaba a los sospechosos de ser comunistas, y que luego, aconsejaba a las productoras de Hollywood no dar trabajo a esos “enemigos” de la patria. A John Cromwell también se le acusó de ser de izquierdas. Aunque finalmente él no fue uno de los diez malditos y pudo seguir trabajando y haciendo películas.

Todo ese ambiente de tribunal inquisidor está presente a lo largo de esta interesante película. De hecho, el film se abre con un tribunal que decide si concede la libertad provisional o no a una reclusa, la protagonista de la película. Libertad condicional, en este caso vigilada de cerca por una oficial, Lizabeth Scott, que se muestra comprensiva y con esperanzas de la rehabilitación para la joven Mildred-Diane, interpretada por Jane Greer. Al salir en libertad condicional cambia su nombre por Diane, “como la cazadora”, le dice un miembro del tribunal. Aquí se podría establecer un paralelismo entre el hecho de cambiar el nombre y el uso de pseudónimos por parte de guionistas o directores.

Hay dos escenas en las que aparece la bandera, de forma que de momento, voy ratificando que es a partir de los años 50 cuando la presencia de la bandera en las películas se empieza a estandarizar. La primera es cuando el tribunal decide si concederle la libertad vigilada o no.  Y con la presencia de la bandera en plano se nos sugieren unas frases que bien podrían tener una doble lectura, aunque eso, habría que preguntarle al director o al guionista, claro. Primero, hay un hombre en ese tribunal y antes que entre en escena Mildred-Diane, pide cambiar su asiento por el de una mujer, dice, “así no estaré en su punto de mira”…y justo en ese momento, vemos por primera vez la bandera. Luego, con la protagonista ya dentro y respondiendo las preguntas, promete que será buena y que jamás la volverán a ver por la cárcel, aquí también vemos la bandera, a lo que le responden que otras antes también lo prometieron, pero reincidieron y regresaron a la cárcel. Entonces Mildred responde, “Lo se, pero tal vez ellas no eran conscientes de sus errores.” Esto casa perfectamente con la actitud de algunos interrogados por el comité de actividades anti-americanas, pues algunos por el simple hecho de ser de izquierdas fueron acusados, y claro, seguro que no eran conscientes de estar cometiendo ningún error.

La otra escena de bandera, la vemos ya llegando al final de la película, en el interior de unos juzgados. Mientras la oficial encargada de su caso discute con un juez para que la dejen libre, Mildred, ahora ya Diane, espera en un vestíbulo, decide escaparse pues piensa que el juez la va a encarcelar de nuevo, abre una puerta y entonces aparece la bandera.

Además, a parte de las dos apariciones visuales de bandera, también hay una referencia verbal. Cuando Mildred sale en libertad vigilada, viaja hasta Los Angeles donde su oficial le ha encontrado un trabajo y le ha buscado una habitación. Ahora ha cambiado su nombre por el de Diane, aunque su identidad no le resulta tan fácil cambiarla. Aunque lucha por ello. En el trabajo que consigue, de enfermera, coincide con otra reclusa también en libertad condicional, esta compañera hace pequeños hurtos en el hospital, medicinas, jeringuillas que luego su novio se dedica a vender por ahí. En una de estas la pillan y de rebote Mildred-Diane se ve implicada. Las encierran en el calabozo preventivamente mientras se aclaran los hechos. Esa noche, en el calabozo coinciden con otras presas y una de ellas reconoce a Mildred. La recuerda de la cárcel, del taller de costura; y dice que se hartó de coser banderas. Así tenemos una referencia al origen de muchas de las banderas que ondean difundiendo patriotismo, nacen en las cárceles. Luego, esa misma reclusa añade, ” eras la pelota de la profe, una aduladora, una falsa.” Acto seguido, otra reclusa, dice que la han metido allí por prevención, por sospechosa, que ella no ha hecho nada, que lo único que le encontraron en el registro fue una verruga. Aquí vemos otra clara referencia a la caza de brujas. Simplemente por sospechosa ya me han colgado el sambenito. Mildred-Diane estalla, y grita a la celadora que la deje salir de allí, que ella no ha hecho nada ilegal; pero la celadora le responde “¿Es qué no sabéis estar calladitas? y luego apaga las luces y se despide con “…es la hora de las brujas.”

Pero lo curioso de esta película, es que también tiene otras escenas, digamos, del bando contrario. Hay un momento, cuando Diane está recién llegada a Los Angeles, que conoce a un hombre, ella le dice que no conoce nada de la ciudad, y él se ofrece para hacerle de guía. Entonces, tenemos una secuencia, insertada dentro de la película, que rompe totalmente con el tono y  que parece un pequeño publireportaje, una voz en off habla mientras vemos imágenes de Los Angeles, dice, aquí hay de todo, puedes pasártelo bien, tienes bonitos paisajes, cultura, parques de atracciones, carreras de caballos, donde un dolar se puede convertir en un dolar y medio. Lo cierto es que esa secuencia rompe bastante con el estilo narrativo del resto de la película. Es como un pegote además de ser un anuncio en toda regla del modo de vida americano. El famoso american way of life, el sueño americano, aquello que en la década de los 50 tanto proclamaron desde Estados Unidos frente al modelo soviético. Y una vez más, regresamos al gran tema de todo esto, que no es otra cosa que la ambivalencia de Hollywood. A la vez que doy, recibo, a la vez que critico, halago. Eso sí, siempre con la propaganda suficiente.

Una vez terminada la guerra, y con el enemigo fijado en los soviéticos, la guerra fría se combatía con propaganda, con altas dosis de propaganda, y su mayor difusor, el cine. No en vano, curiosamente aquellos años han sido recordados como la época dorada de Hollywood. Curioso.

 

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