Proyecto flaghunter:

Robocop

Dirigida por Paul Verhoeven. 1987

Guión de Edward Neumeier y Michael Miner

Orion Pictures

Nota media en filmaffinitty 5’9. Número de votos 54.801

¿Tiene Robocop su/s escena/s con bandera? Por supuesto que sí. De momento, llevo vistas cinco películas de los 80 (para cazar las banderas que salgan) y en esas cinco películas, la bandera ha aparecido en cuatro de ellas. Esta película supuso el debut norteamericano de Paul Verhoeven. Un director que ya contaba con una sólida trayectoria antes de viajar a Hollywood. Cuando leyó el guión de Robocop lo tiró a la basura; pero su mujer lo rescató para leerlo y tras darse cuenta de la substancia que tenía aquella historia convenció a su marido para que aceptara. Y Paul hizo caso.

La película muestra un futuro próximo en que compañías privadas se hacen cargo de servicios básicos como las sanidad o la seguridad. La policía está controlada por una empresa llamada OCP (Omni Productos de Consumo). Además de reflexionar sobre el tema cyborg, adelantándose unos años a lo que dentro de poco será habitual. El cyborg mitad humano mitad máquina, revivido de la muerte como Frankenstein, el monstruo. La inmersión en la nanotecnología lleva a las máquinas a sumergirse en lo humano. Una simbiosis que puede llegar incluso hasta la resurrección.

Jesucristo, el mesías. De hecho el propio Verhoeven afirma que su intención era hacer un paralelismo entre Jesucristo y el protagonista de su película. Representándolo con una muerte horrenda primero, su resurrección después, y la escena del final cuando en la fábrica de metal combate contra su asesino, pues en esa escena vemos a Robocop caminando sobre las aguas, o por lo menos, la secuencia simula o sugiere ese acto.Eran los años 80, la antigua sociedad, el antiguo modelo se estaba diluyendo y el capital lo iba dominando todo a sus anchas. Eso está muy bien reflejado en la película. El guión escoge Detroit pues siempre ha sido un modelo de ciudad industrial. Aunque curiosamente la película se rodó en Dallas, Houston y Atlanta. (Una vez más el cine como creador de realidades).

Por otra parte, la película también contiene unas cuantas escenas de “pantalla”. Como ya comenté en entradas anteriores una de las constantes del cine Hollywood de los ochenta en adelante. Vemos pantallas de televisión, y unos informativos muy distendidos. También vemos el tipo de visión que tiene Robocop en planos donde se nos ofrece el punto de vista del policía robotizado.  Cuando la película estuvo terminada, la MPAA (que es un órgano que clasifica las películas y decide para qué clase de público es adecuada) la clasificó con una X por ser excesivamente violenta. En realidad, aunque creamos que sí, el público estadounidense, el de palomitas y blockbuster, no tolera mucha sangre. Eso siempre ha sido propio del cine de serie B, el cine gore, digamos…para freaks. Pero al público mayoritario no le des sangre porque se altera. Dale violencia, eso sí, golpes, peleas, muertes, explosiones, saltos fatales, pero no les des sangre. Para que no fuera calificada de esa manera, el director tuvo que montarla de nuevo y eliminar algunas escenas de las más sangrientas. Además, introdujo unos anuncios televisivos para eliminar tensión y darle un toque cómico. No lo se, pero apostaría dos de los grandes a que esos anuncios fueron una imposición o bien de los productores o bien de alguien con suficiente poder. Tanto en las escenas en la que vemos las noticias como en las que salen anuncios en medio de esas noticias, se dicen una serie de perlitas dignas de ser analizadas. Por ejemplo, si alguien ha leído mi anterior entrada de esta categoría sabrá que en Hollywood hay un constante desprestigio a todo lo que sea francés. Son pequeñas frases en sus películas, pequeñas bromas, que a bases de salir en una y otra películas van llegando. (¿Quién no recuerda Solo en casa y la revelación que las francesas no se depilan el sobaco?). En Robocop, nada más empezar la película, oímos como un gobierno militar de blancos en sudáfrica ha comprado armamento nuclear fabricado por los franceses. Luego más adelante, un anuncio interrumpe las noticias, es un anuncio sobre un juego de mesa, se llama Destrucción nuclear; vemos una familia standard (padre madre niño niña) que juntos juegan a Destrucción nuclear, el niño dice “Pakistán amenaza mi frontera!” y acto seguido el padre dice “Basta ya amigo, se acabó la ayuda militar.” El apellido del asesino de Murphy/Robocop tiene resonancias germanas. Y más adelante, otro anuncio, éste de un gran y flamante coche nuevo, dice una voz en off “…Grande de nuevo, porque grande es mejor. Una tradición americana.”

Además, como ya pasaba en Terminator, aquí también tenemos un plano donde se ven dos vasos de papel de Coca-cola y unas hamburguesas del McDonnalds.

Pero ahí no termina la propaganda, no. Además tenemos dos secuencias de bandera. La primera fugaz y discreta, en la comisaría (un clásico) la escena en la que la OCP llega con Robocop vemos unas pequeñas banderas sobre un escritorio. Y luego, hay toda una secuencia donde la bandera aparece en diferentes planos cuando un concejal ha secuestrado al alcalde. Incluso hay un momento que se esconde tras la bandera. Esta secuencia representa como en un futuro próximo la política se habrá degradado hasta su expresión más animal y violenta. El concejal que reclama un despacho más grande, otro coche y el escrutinio de votos de nuevo. Está armado y nervioso.

Esta película es un claro ejemplo de la ambivalencia estadounidense, también de Hollywood. Es a la vez, propaganda y autocrítica. Sin ser paradójico y sin ser excluyente, las dos realidades se unen fusionándose en una sola. Vendemos patria y aceptamos críticas al sistema, y eso, puede que sea la fuerza y el poder que tienen. Esa ambivalencia tan chocante para los europeos. No en vano, el director era un holandés que recién rodaba su primera película en USA. Y vemos claramente las dos partes en esta historia, una crítica al sístema (por ejemplo se da la noticia que un satélite de defensa ha errado un lanzamiento con láser y ha desolado una zona de Santa Bárbara, 130 personas han muerto entre ellas dos ex-presidentes. En la fecha en la que se rodó la película, en Santa Bárbara y en la realidad vivían dos ex-presidentes, Nixon y Reagan. Ronald Reagan que fue precisamente el padre de los satélites defensa y “la guerra de las galaxias”. Pero por otro lado, además de esas críticas en la misma película tenemos mensajes contra Pakistán, contra Francia, contra los terroristas, y a favor del modelo de vida americano. Grande de nuevo, porque grande es mejor.

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