Proyecto flaghunter:

Doce hombres sin piedad (12 angry men)

Dirigida por Sidney Lumet, 1957

Guión de Reginal Rose

Orion-Nova Productions (Distribuida por UA – MGM)

Nota media en filmaffinitty: 8.7. Número de votos: 29.090

En esta película de Sidney Lumet también aparece la bandera. Su aparición es paradigmática, pues la bandera sale dentro de un juzgado, en la sala donde sucede el juicio, la vemos al lado del juez mientras explica a los miembros del jurado lo que deben hacer a continuación. Este tipo de plano-bandera es uno de los más frecuentes tanto en Hollywood como en telefilms norteamericanos, y también en muchas series.

La bandera solo aparece esa vez en toda la película.

En anteriores entradas hemos hablado de cómo el cine de Hollywood desde sus películas erosiona la imagen de la televisión, y muchas veces la muestra como fuente de manipulación de la verdad. Esta Doce hombres sin piedad ofrece una alternativa diferente, ya que tanto su director, como el propio guión de la película provenían de la televisión. Sidney Lumet formó parte de lo que se llamó “la generación de la TV” junto a otros directores como Delbert Mann, Martin Ritt o John Frankenheimer. Todos ellos se “educaron” en la filmación de dramas televisivos, obras de teatro concebidas para ser filmadas y emitidas en televisión. De hecho, la historia de esta película fue ya emitida en 1954 en ese formato de drama televisivo; dirigida entonces por Franklin J Schaffner que una década después dirigiría el planeta de los simios. Si nos fijamos, Doce hombres sin piedad  sucede en casi su totalidad dentro de una sala donde los miembros del jurado discuten hasta dar con el veredicto, que debe ser unánime. Esa frugalidad escenarial remite directamente a la televisión en contraposición con los decorados hollywodienses. En esta película encontramos un par de mensajitos velados hacía el cine.  Uno de los miembros del jurado, refiriéndose a uno de los hechos del juicio suelta esta frase: “Lo del cine es una tontería” y un rato después escuchamos esta otra: “Fue al cine y una hora después ni siquiera recordaba el título de la película.” Más adelante, el justiciero jurado número 8 (Peter Fonda), demostrará al jurado número 4 que eso de olvidar títulos y actores es mas frecuente de lo que cree.

A toda esa generación de la TV, que más adelante serían asimilados por Hollywood, se les reconoce cierto giro hacia el realismo, en contraposición de la fábrica de sueños que era Hollywood. Lumet y compañía dejaban sitio en pantalla para personajes de clases medias y bajas. En Doce hombres sin piedad el acusado es un joven latino. Y al principio, once miembros del jurado votan culpable, mientras tan solo uno, el número 8, vota no culpable. Tiene dudas razonables y las comparte con el resto del grupo, poco a poco , van surgiendo otras dudas razonables, y algunos ya no están tan convencidos de su culpabilidad. La película muestra los diferentes prejuicios de la sociedad norteamericana, prejuicios de clase social y también raciales. Hay quien habla de esta generación como un asalto del cine independiente al acomodado Hollywood, pero si bien es cierto que dieron un giro realista, también es cierto que muchas de esas películas fueron distribuidas por Universal, Metro Goldwyn Mayer, Paramount, etc… Como dice Alberte Pagan en su “cine underground”, “Más bien se trataría de analizar la premura con que Hollywood reaccionó para atraer hacia sí una nueva opción fílmica derivada de quien era todavía su mayor enemigo; la televisión.” Es curioso, años más tarde, el propio Lumet rodaría casi 20 años después,  Network (un mundo implacable) con un guión ciertamente crítico hacia la televisión.

Se puede hablar de cine comprometido de Hollywood, pero lo que para algunos puede ser una crítica, como en esta película, muchos la toman como una crítica al sistema judicial, y también a la sociedad; para otros puede ser simplemente un caso más de propaganda. De hecho, se juzga a un latino y hay en la película otro inmigrante, es un miembro del jurado, el número 11, relojero de profesión, pues bien, es este inmigrante el que hace un alegato en favor del sistema judicial norteamericano y explica a los otros miembros del jurado que deberían estar orgullosos de vivir en un país donde eso existe. Una vez más, desde el cine norteamericano, se educa a la población y se realzan los valores que deben hacer sentir orgullosos a los ciudadanos.

Por otro lado, es una película muy bien filmada y con muy buenas interpretaciones. Además de contar con la fotografía de Boris Kaufman.

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