Cine. Propaganda. Cine. Propaganda.

¿Quién es el autor de una película? ¿Su director? ¿Su guionista, tal vez? ¿Los actores, quizá? ¿O puede que sean los técnicos? Después de todo, también cabe la posibilidad que el autor de una película sea su productor. Sin duda, una película pasa por muchas manos antes de que llegue el día de su estreno. Se puede afirmar sin miedo a equivocarse que una película no solo tiene un autor, tiene muchos autores, es una obra coral.

Ahora bien, no es lo mismo rodar una película en el desierto de los Monegros que rodarla en Hollywood, por ejemplo. Incluso el mas inexperto cinéfilo sabrá decir que si algo caracteriza a las películas hollywoodienses es la cantidad de dinero que debe costar hacer tan solo una de esas películas. Es una fábrica que ofrece un producto bueno y en cantidad. Si uno se pone a curiosear un rato en cualquier base de datos sobre cine, verá con una mezcla de maravilla y pavor la cantidad de films estadounidenses que existen. Películas que tarde o temprano, o bien, en una sala de cine, o bien en un ordenador, o desde luego, en la pantalla de la televisión hacen su aparición para entretener al homo-mono occidental.

Si alguien intenta encontrar similitudes entre toda esa cantidad de producciones fílmicas hollywoodienses podrá encontrar algunas. Como por ejemplo los patrones del guión, casi siempre hay un modelo estandarizado en los guiones y de esta manera, en el minuto 20, mas o menos, el protagonista sufre un primer revés. Después, cuando falten unos veinte minutos para cubrir la hora y media de rigor, el protagonista sufre un gran revés tras estar a punto de conseguir su objetivo. Parece que el malo, antagonista, ganará, se saldrá con la suya, y además, se llevará a la chica. Pero al final, el héroe siempre encuentra la manera de vencer al malo, y ganar a la chica. Dicho así, suena muy esquemático, quizá, pero en líneas generales ese es un patrón de conducta que se repite una y otra vez en las películas norteamericanas, sean del genero que sean. Es el motor que mueve dramas, comedias, thrillers y demás inventos fílmicos. Esto se debe en gran parte al Código Hays, pero eso es materia para otra entrada.  Otra de las similitudes que tienen la mayoría de esas películas estadounidenses es la aparición de su bandera en algún plano. En prácticamente la mayoría de películas (una vez hice una estadística un tanto primaria, pero resultona, de 100 películas estadounidenses que vi, la bandera salió en 88.)

De esta forma, cada vez que alguien está viendo una película, sea en el rincón del mundo que sea, tarde o temprano verá las barras y estrellas. Esa visión no debe ser forzosamente ni mala ni buena. Es lo que es, una bandera, un trozo de trapo con un estampado de siete barras rojas y seis blancas, con un recuadro azul lleno de estrellas blancas. Es la bandera que representa a los Estados Unidos. Estoy registrado en filmaffinity desde hace algunos años, y desde entonces, cada vez que veo una película, entro y voto. De 1.325 películas que llevo votadas, 828 son de Estados Unidos. Yo que he nacido en Barcelona, y que vivo en Barcelona, al otro lado del océano, y no solo al otro lado del océano, además, al otro lado del océano que hay tras todos los estados que hay desde California hasta la costa Este. Pues he visto de todas las películas que he visto un 62 % son de ese lugar tan remoto de mi casa. Un insultante 62% frente al ridículo 13% de películas españolas que he visto y votado, tantas como 179.

Muchos de mis amigos y conocidos, cuando hablamos del tema de la bandera en las películas, me dicen, “ah sí? ¿Sale la bandera? No me había fijado.” Esa suele ser la frase, ahora no entraré aquí a analizar si la estrategia de anunciar un símbolo en películas y series es correcta o no, pero sí puedo decir que yo sí la veo. Ahora, que llevo ya mucho tiempo viéndola, puedo ver películas siguiendo tranquilamente el argumento, pero incluso hubo una época en la que veía las películas con la amenaza de una inminente aparición de la bandera. Era angustioso, el protagonista a punto de morir, y tú buscando de reojo por el fondo del decorado alguna bandera. Y puedo asegurar que la bandera, al final, acaba apareciendo. Una y otra vez, una película tras otra. Lo que me recuerda a esas imágenes, por suerte ya antiguas, de los nazis, de los desfiles nazis y la cantidad de banderas por metro cuadrado que allí había. Es una táctica similar la del gobierno de Estados Unidos cuando hacen aparecer su bandera en las películas. Y digo el gobierno, porque si alguien filma la bandera en su película, el gobierno subvenciona parte de esa película. Invierten dinero en imagen. No les importa lo que un director haga con la bandera en su película, (véase El escándalo de Larry Flynt de Milos Forman) , lo único que les importa es que se vea la bandera.

En 1898 España y EE UU guerreaban en Cuba. Un año después, se filmó “Tearing down the spanish flag” (J. Stuart Blackton). Donde aparecía una mano arrancando una bandera española de un mástil, y a continuación izaba en el mismo mástil una bandera estadounidense. Luego apareció otra película de temática similar,  “Raising Old Glory Over Morro Castle“,   solo que en esta no se arranca la bandera española, simplemente la cambian.

Así, la bandera hacía sus primeras apariciones en el celuloide. Después, el cine ha demostrado tener una fortaleza descomunal, durante años y años ha ejercido su influencia sobre algunas generaciones. A pesar de las varias crisis que ha sufrido, primero, los escándalos de los años 20 y 30, con muertes extrañas, drogas, alcohol y vidas desenfrenadas, luego, la aparición de la televisión, primero, el vídeo y el dvd después, y la era de Internet. A todas esas crisis ha sobrevivido y a día de hoy, siguen produciéndose películas desde Hollywood, el mástil de la bandera.

Desde la pantalla, el tercer ojo de occidente, nos hemos ido acostumbrando a ver una y otra vez la bandera, una de las imágenes más rotundas es cuando llegan a la luna y clavan su bandera. Era a la vez, una noticia y una película. Una bandera, quizá, demasiado grande para ese mundo tan pequeño, escena que contrasta con una película de la misma época, El planeta de los simios, donde también vemos las escena de unos astronautas llegando a un mundo y plantando la bandera, solo que en la película, la bandera resulta demasiado pequeña para un mundo tan grande.

Y muchas veces, cuando cae la noche y me asomo a la ventana tratando de respirar frescor, veo la luna, e imagino esa banderola allí plantada.  La luna, cuando Georges Méliès rodó el viaje a la Luna seguro que no podía ni imaginar que cien años después se le seguiría recordando y/o venerando. Muchos encuentran en esa película el pistoletazo de salida de lo que sería el cine “moderno”. El cine como manantial de sueños, fantasía, magia, de aventuras, de deseos, de todo eso que nos ha ido entrando directo por nuestro tercer ojo, la pantalla. Ya en aquella película el director dejó un espacio para la bandera,( solo que esta ocasión la tricolor francesa).

Otro de los padres del cine moderno, D.W. Griffith, cuando filmó “El nacimiento de una nación” también encontró espacio en pantalla para sendas banderas, algunas, lógicas por estar presentes en el campo de batalla, así los abanderados de ambos bandos portaban su bandera, la de barras y estrellas y la confederada, que incluso tiene su secuencia propia donde nos muestra su nacimiento y bautismo. Pero más adelante, en el film, hay una secuencia donde la bandera se erige en algo más. Un padre tiene que ir al frente, y su hija lo mira mientras él duerme. Le pasa una bandera por el rostro, el padre despierta y ella no quiere que se marche, porque sabe que las guerras son sitios malos. El padre le deja la bandera para que le recuerde. Aquí, la bandera, deviene en un objeto fílmico, un plano detalle, filón que años más tarde explotaría con maestría Hitchcock.

Pues bien, si el gobierno estadounidense te subvenciona parte de la película dependiendo del número de veces que aparezca la bandera en pantalla, es razonable pensar que muchos productores verán una forma fácil de conseguir algo de dinero para invertir. Por otro lado, teniendo en cuenta que al gobierno le resulta indiferente el trato que se le de a la bandera, nace una pregunta, ¿Para qué sirve una bandera? La respuesta la intentaremos encontrar en próximas entradas.

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Un comentario »

  1. “Cine, mástil de bandera. (Orígenes.) Un poco infinito” was indeed a great article, can not help but
    wait to go through a lot more of ur posts. Time to squander a bit of time on the web lol.
    Thanks ,Damon

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